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La inteligencia se mide de la cabeza al cielo

Por Héctor R. Hernández, Historiador Oficial Club América. (@realidadamerica)
Dijo Napoleón Bonaparte: "La inteligencia se mide de la cabeza al cielo y no de la cabeza al suelo". Bien, ésta célebre frase habría de enseñársela a Matt Miazga, el nuevo villano del futbol mexicano, el estadunidense quien se burló de la estatura de Diego Lainez después de que el chamaco americanista enloqueció a la defensa ‘gringa’ todo el partido entre el TRI y los Estados Unidos.
Seguramente, ustedes como yo, queridos amig@s, querían meterse a la televisión del coraje, al ver eso. Una acción poco afortunada, y si me apuran, hasta discriminatoria, con eso que hoy en día ya todo lo toman como discriminación. Creo yo que si a otros futbolistas los han suspendido por hacer señas de “ojos chiquitos” en alusión a los orientales, o algún ruido por imitar a un chango, esto bien la FIFA, de oficio, tendría que sancionarlo.
¿Pero que mayor sanción puede tener ya el poco inteligente jugador de dos metros Matt Miazga -desconocido para la mayoría hasta hace un par de noches- que el repudio general de medios de comunicación, futbolistas y el público en general?
Sí el cree que decirle “chaparro” a alguien, y más a un compañero de profesión es un insulto, habría que conseguirle rápidamente una laptop y conectarlo a YouTube para enseñarle algunas jugadas de “enanos” como Diego Maradona, Leo Messi, Manuel Francisco dos Santos mejor conocido como ‘Garrincha’, Antonio Naelson ‘Sinha’, Sebastián Giovinco por citar algunos.
Aquí en el Club América, los mejores jugadores de la historia, extranjero y mexicano son chaparritos, y me refiero a Carlos Reinoso y Cristóbal Ortega. Y más “enanos” han pasado por nuestra institución derrochando clase y talento como Salvador Cabañas, Nilton Pinheiro ‘Batata’, Roberto ‘Monito’ Rodríguez, Germán Villa, John Kerr, Alberto García Aspe y ahora nuestro Diego Lainez.
La estatura nada tiene que ver con el talento de un futbolista, y si jueguen bien, ¡bienvenidos!
¡Arriba el América y que siga rodando el balón… hasta la próxima!
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Héctor R. Hernández
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Lalo Bacas: su largo y sinuoso camino.

Por Héctor Hernández
La llegada de Eduardo Bacas al Club América no fue por casualidad. Era su destino. Desde siempre le gustó mucho a Panchito Hernández y antes de firmar al nacido en el Ingenio La Florida, provincia de Tucumán, Argentina ya había estado en el radar americanista, no una, sino dos veces, hasta que la tercera fue la vencida.
Primeramente fue citado como candidato a venir cuando el vicepresidente crema voló a Sudamérica en 1979 con la intención de contratar a quien supliría a José Dirceu Guimaraes. Posteriormente en un viaje en 1980 cuando el mismo Hernández y Carlos Reinoso viajaron por Nilton Pinheiro ‘Batata’, Bacas también fue muy del agrado de Panchito. Finalmente se dio su llegada al equipo en un momento clave para todos: para él, para el América y para el ‘americanismo’.
Ya no era un jovencito cuando a sus 28 años se olvidó de los éxitos en el Rosario Central donde había sido campeón y decidió aceptar la oferta para salir de su país y llegar al equipo más importante y mediático de México.
Callado, discreto fuera del terreno de juego, igualmente lo era en la cancha de futbol. No fue un jugador de alto perfil, sino todo lo contrario. Esa labor la ocupaban otros en el rectángulo verde; el ‘Tucumano’ trabajaba para el servicio del equipo.
Si bien no tuvo el mejor de los debuts ya que fue expulsado contra el Neza en su primer juego oficial con las nacientes ‘Águilas’ en la temporada de liga 81-82, después de eso, rara vez soltó el puesto de titular. Jugó 38 partidos ese torneo y anotó un par de goles.
Para la siguiente campaña, fue participe de 34 duelos y su cuota goleadora creció a 6. Este gran campeonato fue muy especial para el América ya que en esa 82-83 el equipo rompió récords en la historia del futbol mexicano, tanto de triunfos como de puntos obtenidos. Se quedaron en la orilla del título de campeón y fueron eliminados en un polémico partido en semifinales por el Guadalajara. Tanto Bacas, como el resto de jugadores acabaron con una espina clavada, que les dolió tanto o más que a la afición.
Pero la revancha llegó rápido, ya que para el siguiente torneo, el campeonato de liga 83-84, prácticamente con el mismo equipo, y evidentemente más maduros, el éxito llegó para el América, y lo que tanto había deseado Eduardo Bacas desde su llegada a México, para lo que había sido contratado, ¡se dio por fin!
Además de jugar 21 partidos - ya que esa campaña tuvo una seria lesión- anotó 4 goles, pero uno de estos es sin duda, tal vez el que más haya gritado él y todo el 'americanismo': en la final del certamen contra el Guadalajara, de quien se desquitaron las Águilas al humillarlos y ganarles claramente en el estadio Azteca, con un jugador menos, el 10 de junio de 1984.
Bacas seguía siendo el jugador tranquilo, el que no acaparaba ni portadas de periódicos, ni repeticiones espectaculares durante los partidos. Y así funcionó perfecto, y siguió en el mismo tenor, para la 84-85, donde nuevamente el equipo volvió a tener un gran torneo y otra vez fueron campeones, jugando la final contra los Pumas de la UNAM en un tercer partido, ya que terminaron dos veces empatados.
Y fue justo, en el segundo duelo de esa final, que él tuvo una oportunidad de oro para terminarlo todo y no la concretó. Tal vez en ese momento sintió que el mundo se le venía encima, pero afortunadamente, dos noches después, le dio un pase de gol a Daniel Brailovsky y selló una campaña con 24 partidos y un tanto y así las Águilas se consagraron como Bicampeones.
La cereza del pastel para el finísimo mediocampista se dio para el Torneo Prode 85, cuando por la imprevista partida del equipo de Brailovsky a finales del torneo, se tuvo que poner el traje del líder absoluto en la final contra el Tampico Madero, al que le marcó 2 goles de penal y dio una asistencia para Ramón Ireta, siendo vital en el desarrollo del partido y del resultado. En ese campeonato jugó 12 encuentros y anotó 4 tantos.
Dos torneos más disputó con las Águilas, el México 86 donde participó en 21 partidos y anotó dos goles, así como la temporada 86-87, en la cual jugó 34 duelos, marcó 10 anotaciones y tuvo un rol ya de más peso debido a la ausencia de Brailovsky. Luego de este certamen se cierra su brillante ciclo en el Club América donde jugó en total 7 torneos de Liga y una copa de Concacaf. Disputó 190 partidos oficiales e hizo 30 goles.
Alguna vez le pregunté a Panchito Hernández que, ¿Quiénes eran los mejores cinco futbolistas que él había contratado para el América? , y en esa lista apareció el nombre de Eduardo Bacas. No se equivocó nadie: ni el directivo al traerlo, ni el jugador al aceptar venir, ni la afición en admirarlo, porque siempre lo mereció.
Es así como en resumidas cuentas Eduardo Bacas, crack, figura y leyenda será recordado siempre: tricampeón. Cuando llego de Argentina con 28 años traía el propósito de salir monarca. A los 32 los había conseguido tres veces seguidas, con su regularidad, su profesionalismo, su entusiasmo, su liderazgo y su clase en el terreno de juego. Esa clase que parecía callada, silenciosa pero efectiva y que rindió frutos en un largo y sinuoso camino para él… Y mientras tanto, que siga rodando el balón... ¡hasta la próxima!
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Cristóbal Ortega: el mejor americanista mexicano de la historia.

Por Héctor Hernández
Bien dicen por ahí que el que sabe, sabe… y eso quedó demostrado aquella lejana noche de octubre de 1974, el jueves 5 para ser más exacto cuando José Antonio Roca, el mítico y carismático entrenador del Club América decidió incluir en su equipo titular a un chamaco de 18 años en lugar de gente más experimentada que no le había dado todos los resultados hasta el momento.
Don José tenía la presión hasta el cuello, ya que los Cremas no caminaban en el inicio de la temporada 74-75 y la directiva azulcrema había hecho una importantísima inversión al contratar ¡10 nuevos jugadores!, entre ellos dos extremos seleccionados nacionales: José ‘Cocodrilo’ Valdés y Alejandro ‘Fantomas’ Romahn.
Como siempre tratándose del América, cuando las cosas no empiezan a funcionar, la presión mediática empieza a subir y como el horno no estaba para bollos, Roca decidió sacarse un as bajo la manga y le dio la alternativa a quien sin lugar a dudas, fue su más grande acierto como director técnico.
Pero antes debo aclarar que el ‘Mister’ no debe llevarse todas las palmas. Y es que primeramente habría que dárselas al profesor Gilberto Gálvez, que fue quién llevó a éste diamante en bruto a la institución americanista.
Existen tres tipos de futbolistas. La gran mayoría empieza a jugar futbol por gusto y tiene que aprenderlo y perfeccionarlo. Hay algunos muy selectos que nacieron para jugar futbol, con las cualidades incluidas en su ‘chip’. Y hay otros que además de tener las aptitudes innatas para el deporte de las patadas, tienen un don de líder, de gente, de emblema. Y a estos -que no abundan en los equipos- se les conoce como cracks, y a su retiro se les llama leyenda.
Cristóbal Ortega Martínez, que nació el 25 de julio de 1956 en México D.F. llegó al club América cuando tenía 16 años al aceptar la invitación del extraordinario profesor Gálvez. Al principio no todo fue miel sobre hojuelas para el extremo derecho capitalino ya que durante el proceso, tuvo que interrumpir momentáneamente su trayectoria futbolística para regresar a los estudios pero regresó porque el destino tenía algo grande para él. Empezó cómo juvenil, luego pasó a la reserva especial, después fue al Unión Coapa, para posteriormente ir a las reservas del primer equipo, antesala de la Primera División, donde debutó esa mágica noche copera ante los Orinegros del Ciudad Madero en el Coloso de Santa Úrsula dando inicio a una formidable carrera de entrega, pundonor, amor a los colores, triunfos, títulos y muchos juegos. Ganaron 4-0 y fue la sensación del partido. Pocos sabían de él antes de su debut, y todos quedaron asombrados con su maravillosa clase, su excepcional técnica individual, su fuerza y su estilo gambetero que enloqueció a la defensa rival. Estuvo a punto de anotar un gol, y el balón se estrelló en el poste.
Fue tal el éxito en su debut, que Roca lo incluyó inmediatamente en la siguiente convocatoria para disputar ni más ni menos que el Clásico de Clásicos contra el Guadalajara, donde entró de cambio y pareció que ya tenía años jugando en el máximo circuito.
Siguieron dos juegos en fila como relevo, ante León y Atlas –derrota y empate-, e inmediatamente después, Roca se olvidó de jerarquías y en pleno Clásico Joven, contra Cruz Azul, campeón vigente, lo mandó al ruedo ya como titular. Todo quedó claro a partir de ese momento, Cristóbal estaba al mismo nivel que los mencionados Valdés y Romahn, así como de otros delanteros como Alberto Ordaz, Silvio Fogel y Osvaldo Castro ‘Pata Bendita’ que también eran usados como extremos.
Era tal su clase que fue invitado a jugar un partido en Brasil en el mismísimo estadio Maracaná y muchos lo comparaban con el gran Manuel Francisco dos Santos, mejor conocido como ‘Garrincha’. El primero de sus 40 goles oficiales con los Cremas lo marco al Veracruz en el Luis ‘Pirata’ Fuente en la última jornada del mismo torneo 74-75.
Después de esa temporada vino un cambio de entrenador en el equipo de Coapa pero eso no fue impedimento para que el ‘Osito’, como algunos lo llamaban, continuara su carrera rumbo al estrellato. Llegó Raúl Cárdenas a la dirección técnica americanista y fue llevándolo poco a poco, para irlo curtiendo y convertirlo en el cambio de lujo del América, el revulsivo como se dice hoy día. Participó en 20 partidos, el equipo salió campeón y a partir de su siguiente temporada, la 76-77 fue ya titular indiscutible, además de seleccionado nacional.
Fue Mundialista en Argentina 78´ bajo las órdenes de su viejo conocido José Antonio Roca pero la mala actuación mexicana en la Copa del Mundo se reflejó en los americanistas que acudieron a la competencia, ya que al volver, tanto a Cristóbal como Alfredo Tena, Antonio de la Torre, Jesús Martínez y Pedro Soto les costó recuperar al cien por ciento el puesto titular con los Millonetas. Esa temporada 78-79 fue muy mala para el América y para la siguiente, la 79-80 regresaría al equipo el propio Roca. Y obviamente su primer hombre de confianza fue Ortega. Aquí vino el primer punto de inflexión ya que del conjunto en el cual Cristóbal debutó solo quedaba Toño de la Torre. Y junto a él, con Tena y Mario Trejo, serían ahora los hombres de mayor experiencia del equipo. Empezaría así su segunda gran etapa, siendo ya un auténtico líder y ejemplo a seguir.
La llegada de Carlos Reinoso a la dirección técnica americanista a fines de la 80-81 trajo consigo varios cambios, y uno de los más importantes fue convertir a Cristóbal en medio de contención. Ortega, hombre fundamental y absolutamente imprescindible para el chileno, no tuvo objeción alguna a la solicitud de su amigo, y una de las personas más importantes en su carrera. Y ese cambio le trajo muchas alegrías al América, porque ‘Cristo’ se convirtió no solo en el mejor medio de contención de la competencia, sino en el mejor de todo México.
Todavía joven, a sus 26 años, aprovechó su extraordinario físico, que le deba para ir y venir, su maravillosa técnica individual que lo habían convertido en el mejor extremo derecho mexicano en 1978, y su visión de campo para ser un adelantado en el tiempo y convertirse en el primer mediocampista defensivo ‘todo terreno’ con llegada y gol.
Jugando esa posición, Cristóbal destacó aún más. Ganó cuatro Citlallis, premio que otorga la Federación Mexicana de Fútbol a lo mejor del fútbol mexicano. En la liga 82-83 obtuvo ¡tres!, siendo premiado como el mejor jugador del torneo, el mejor medio y el mejor comportamiento. Nunca más un mismo elemento del Club América ganó tres premios la misma campaña. Para la siguiente, la 83-84, donde por fin, la Águilas fueron campeones, el mítico número ‘11’ ganó el Citlalli al mejor medio.
Convertido en un pilar del América y del futbol mexicano, fue convocado a su segunda Copa del Mundo, en México 86’, donde tristemente no tuvo actividad. Tuvo cuerda para rato, ya que al volver de la justa mundialista, siguió jugando en gran nivel mucho tiempo, hasta que en la temporada 91-92, con alguna lesión por ahí, luego de 18 años en el primer equipo azulcrema llegó el momento de la despedida.
Y ésta fue triste, porque Cristóbal Ortega no solo es el futbolista que más partidos oficiales ha jugado con el América, es también quien más títulos ha ganado, y quien más temporadas ha disputado, todas ellas a un impresionante nivel competitivo. Y se fue sin siquiera saberlo, ya que su último juego, el 15 de diciembre de 1991 en el estadio Corona contra Santos era apenas la jornada 16 del torneo de liga 91-92. Ese cotejo que pasó a la historia por ser el partido donde Alberto Carrillo fracturó gravemente a Ramón Ramírez, fue también la última vez que Cristóbal jugó como futbolista profesional. El técnico brasileño Paulo Roberto Falcao, recientemente incorporado a la dirección técnica americanista no lo volvió a incluir en ninguno de los 24 juegos restantes de esa terrible temporada 91-92 para el América -tal vez pensando su edad o en sus lesiones-. Al terminar la campaña Ortega no tuvo renovación de contrato y pese a tener ofertas para jugar en otros equipo, decidió colgar los botines. No iba a jugar en otro cuadro que no fuera el América.
Ganó todos los títulos posibles: Campeón de Liga en 75-76, 83-84,84-85, Prode 85, 87-88, 88-89. Campeón de Campeones en 75-76, 87-88, 88-89. Campeón de Concacaf en 1978, 1987,1991 y Campeón de Copa Interamericana en 1978 y 1991.
Un hombre leal, profesional, solidario, excelente futbolista, entrón, se le recuerda en batallas campales defendiendo a sus compañeros. Cristóbal lo tuvo todo: clase en la cancha, clase en el vestidor, clase en la tribuna, clase en el campo de entrenamiento, clase en los asados. Jamás fue en contra de una decisión como aquella donde lo convirtieron en contención, o aquella donde fue un espectador más del Mundial México 86.
Por todo lo que aportó, por sus 664 partidos oficiales jugados en el América, por sus 18 años en el club, por su técnica individual, por su profesionalismo, por su versatilidad, por su velocidad, por su disciplina, por sus títulos, por su rentabilidad, por su liderazgo, por su personalidad, por su empatía con la afición, porque nació para jugar futbol y porque se convirtió en leyenda, Cristóbal Ortega es el mejor jugador mexicano en la historia del América, dicho también por sus propios compañeros … y mientras tanto, que siga rodando el balón... ¡hasta la próxima!
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